Todo en su sitio

El pasado 22 de enero impartí una conferencia sobre la gestión del cambio en el Alicante Talent Day. Gracias Juanqui por la invitación. Todo un éxito de convocatoria (y glamour.) Heredé el título de la conferencia y no tenía muy claro que interpretación darle así que dediqué los primeros minutos de mi ponencia a preguntarle a los asistentes sobre su propia interpretación. “Cambiando para cambiar” era el sinuoso jeroglífico. Tras varias intervenciones alguien se acercó a la que yo también había intuido. Normalmente leemos en función de cómo somos ¿no? Y como a mi la ironía me tira, yo lo tomé por ese lado. Pasé de la interpretación más lógica (el cambio en uno mismo como principio de todo) y me centré en algo más autocrítico -otra materia que me atrae.- “Cambiando… para cambiar.” ¿Esa segunda parte, con el fraseo adecuado, no esconde una crítica solapada? ¿Cuando decimos que cambiamos lo hacemos de verdad?

El progreso tecnológico de los últimos siglos -o décadas- es innegable. Comparamos la tecnología de una empresa hace 20 años y la de hoy, y el cambio es evidente. Pero… ¿y a nivel humano? Si comparamos los problemas y conflictos entre personas (clientes, compañeros, proveedores) nos daremos cuenta que siguen siendo los mismos. Los mismos que hace 20 años y los mismos que hace 50. Algunos expertos defienden que junto con el desarrollo tecnológico hay un estancamiento comunicacional. Un estancamiento porque no parece que hayamos avanzado mucho al respecto.

En antropología algunas teorías cuentan que la raza humana está en la cúspide de la pirámide alimenticia porque es el animal más adaptativo. Podemos vivir en un entorno con 50o y también en otro con -50o. Otros entendidos apuntan que el ser humano no cambia y se adapta, lo que hace es adaptar el medio a él mismo. O adaptar la tecnología para ello. Sus cambios no se efectúan en él mismo sino en el entorno. Es como cuando queremos que nuestra pareja cambie en algo, un hábito o lo que sea. Muchas veces la idea -inconsciente normalmente- es “si ella/él cambia seremos más compatibles y así yo no tendré que ser el que cambie.” Es un enfoque perturbador. Y todo lo perturbado también me va (3ª confesión del día.)

No sé. Es posible que ambas ideas aparentemente contrapuestas puedan tener algo de razón. E incluso que se armonicen. Tal vez dicen lo mismo pero desde distintos sitios. Que cambies tú, o que hagas que el entorno cambie, si ambos requieren de sacrificios por tu parte, tal vez no sean situaciones tan diferentes. Quien sabe. Tal vez todo esté en su sitio adecuado y no nos hemos dado cuenta.

Cuando Radiohead sacaron Kid A en el icónico año 2000 fue recibido como una revolución. La banda cambió su sonido de antaño por otro más electrónico, con claras (y nuevas) influencias del krautrock, del jazz e incluso de la música clásica del siglo XX. Con el tiempo y su evolución posterior, hoy no tengo tan claro si fue ese gran salto que creíamos o solo un paso más en un progreso totalmente lógico. El primer corte del album sigue teniendo esa magia hipnotizadora que tenía hace 15 años. Si, todo está en el lugar correcto.

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