Tóxicos 0 – Abollados 2

Llevo unos meses inmerso en un proyecto con una empresa de servicios de Murcia. Trabajo con el comité directivo en varios frentes. Inicialmente la idea era ayudarles a mejorar en sus reuniones y en la delimitación de objetivos y planes de acción. Pero tras el análisis inicial me encontré con otros frentes también habituales. La relación entre algunos de los miembros del comité era horrorosa. Demasiados muertos en el armario y excesivos reproches cruzados impedían siquiera que se dirigiesen la palabra. Y no era un problema entre dos personas. En el juego, directa o indirectamente, entraban otros miembros del comité para enturbiar aún más echando, si cabe, algo más de leña al fuego.

Uno de ellos –ya sabéis, en estos asuntos todos se sienten ofendidos y se ven como el bueno de la película- me hablaba de su compañero “tóxico”. No tenemos ni un minuto para hacer algo de deporte, pero buscar en internet sobre el término de marras para aplicárselo a un “enemigo” y así darle mayor empaque a nuestra inquina personal… para eso sí tenemos tiempo. Lo curioso del asunto es que unos días después, la “otra parte” también hablaba del primero en los mismos términos toxicológicos. Y también se había puesto al día con Mr Google.

Encontrar teclas de anclaje y conexión, cambiar la visualización de la otra parte y renegociar los puntos de una relación no es tan complicado. Sobre todo cuando ambos se dan cuenta muy pronto de lo necesario que es aprender a relacionarse. Y más sencillo cuando descubren lo beneficioso que puede ser para ambos ser socios en lugar de rivales.

Lo curioso es que una vez restablecida la relación a algo “normal” (tampoco van a ser ahora amigos del alma), salió el tema de su antigua visualización cruzada sobre la gente tóxica. Los dos me miraron esperando una explicación sobre eso. Y me tocó dar mi visión.

«Desde que se acuñó el término “tóxico” asociado a los manipuladores emocionales que te roban la energía, se ha exagerado un poco. Habré escuchado muchas veces el término referido a compañeros, jefes o clientes. Y, cuando he podido profundizar con la persona muchas veces he descubierto a, simplemente, gente abollada.» Hice uno de esos estúpidos silencios teatrales marcbolanianos que tanto me gustan y añadí. «Y hasta ahí puedo leer (rollo Mayra Gómez Kemp).

«Joder. No nos vas a contar que es eso de “gente abollada”.» imploró uno de ellos.

«Podría, y tal vez debería. Pero a finales de los 80, un ilustre albaceteño, Fernando Alfaro al frente de sus nunca-suficientemente-loados Surfin Bichos, lo explicó muy bien en una de las mejores canciones españolas de la década (tampoco era difícil entre tanta basura, ¿no?).» Y si a ellos no les expliqué el concepto y tuvieron que caer rendidos antes los manchegos supongo que vosotros no correréis mejor suerte.

Pedro vive oscuro y solo en el fondo del bar
Un suspiro de alcohol se escapa de su sangre
Alguien le responde desde el water ¿quien será?
Es el Espíritu del Desagüe

Ah! y si, es cierto, la estructura del estribillo tiene un tufillo a “La mataré.” Dios, que pequeño, extraño y mezquino puede ser este mundo. Ghost world.

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