Podemos… pero sin vosotros

Casi todos somos conscientes del contexto en el que vivimos. Aunque lo pretendas es difícil que pase desapercibida la convulsa actualidad. Muchas de las cosas que parecían inalterables hace unos pocos años, hoy se han hecho añicos. La incertidumbre sobrevuela la mayoría de los escenarios. Es complicado predecir el futuro inmediato. Ya ni los economistas se atreven!! Y mientras, como toca seguir viviendo, continuar con el día a día, la palabra “cambio” parece el asidero más fiable.

El plano político (vaya jardín estoy a punto de pisar) es solo una metáfora de todo esto. ¿Continuará el enfoque bipartidista a nivel nacional? ¿Se fracturará el estado de las autonomías? ¿Cambiará nuestra relación con Europa? ¿Está garantizado el estado del bienestar (prestaciones, asistencia sanitaria, educación,…? ¿Hay herramientas a corto plazo para que por fin empiecen a bajar las cifra del paro? ¿Cuáles van a ser los sectores que tiren ahora del carro? ¿Hay más casos de corrupción aún por descubrir? Todo son preguntas que dibujan el mapa actual. Preguntas sin respuesta. Al menos sin una respuesta clara y contundente. Y otra palabra que sobrevuela nuestras cabezas es la desconfianza. En realidad, desconfianza e incertidumbre son dos términos muy cercanos.

Hace unos días escuchaba en la radio las distintas reacciones ante las primeras intenciones más o menos claras de Podemos en el plano económico. Nunca antes había percibido tanta profundidad en el análisis de las promesas políticas de otros partidos en pasadas elecciones. Y entre muchas de las opiniones que he escuchado me han llamado la atención un par. Algunos analistas afines al PSOE y a IU afirman (y demuestran) que muchas de las aparentemente novedosas propuestas del nuevo partido de moda, ya fueron defendidas por ambos partidos. Incluso desde la propia cúpula de Podemos se ha afirmado que este avance de intenciones podría pertenecer a un partido social-demócrata unos años atrás. Y a mi la conclusión se me antoja obvia. Si, muchos españoles quieren esas medidas, pero NO CON “LOS DE SIEMPRE”. No es solo “qué vas a hacer”, hoy parece más relevante “quién lo va a hacer”. La desconfianza también parece erigirse en el criterio de toma de decisión política.

No estoy diciendo que me gusten o disgusten estas propuestas o quien las propone. Simplemente confieso que esta curiosa trama me resulta muy estimulante. Y, como casi siempre intento hacer, llevar este análisis a mi contexto laboral también me seduce. “¿Por qué tantos clientes no nos hacen ni caso a pesar de que somos muy competitivos?” claman muchas empresas. Pues, porque aunque parezca que lo único que importa sea el precio, muchos clientes quieren cosas pero también les importa quien se las va a suministrar. Elegir los compañeros de viaje a veces es tan relevante (o incluso más) que el destino del propio viaje.

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