Do it

 

Raúl se levanta temprano el domingo porque juega al basket a las 9. A medida que desciende el ascensor, aún medio dormido, cree escuchar los maullidos de un gato. Abre la puerta del ascensor, gira a la derecha y antes de abrir la puerta del garaje, mira a su izquierda y ve un culo desnudo subir y bajar. Se restriega los ojos y entonces la cara de su vecina de 20 años se gira y le mira mientras continua su “maniobra” sobre algún afortunado post-adolescente del que no sabemos mucho más.

El propio Raúl nos contaba la anécdota en una comida veraniega mientras su mujer y él debatían sobre el siguiente paso a tomar. «A ver Raúl -le decía Jana- ¿Pero por qué quieres hablar con la vecinita? ¿Qué le vas a decir? ¿Qué se busque otro sitio para pegar un polvo? Vas a parecer un carca. ¿Acaso a su edad tú no has hecho cosas parecidas en sitios todavía menos apropiados? Que no han pasado tantos años, eh! Raulito, pareces una monja reprimida.»

Yo escuchaba a Jana asintiendo por la sensatez y mesura de su postura y razonamiento.

«¿Entonces tú crees que no debería decirle nada, no? Y si mañana te la encuentras tú “en acción” en el rellano con tu hija mayor tampoco pasará nada? Tú conoces a tu hija (entiéndase lo apropiado de ese “tu hija” en este contexto), la pobre ve eso y los años de terapia no se los quita nadie. ¿Cómo solo lo he visto yo no pasa nada, no? ¿Tenemos que esperar a que lo repita y tenga consecuencias para hacer algo al respecto? No le voy a meter un puro ni a sermonear. Solo quiero que sepa que la vi, que no me voy a chivar a sus padres pero que no quiero que se repita. Joder, qué se busque otro sitio más íntimo y discreto, ¿no? Como tú vas de vecina enrollada seguro que le ofrecerías nuestro sofá si vuelve a tener un apretón.»

Cuando Raúl termina de hablar, no solo estoy de acuerdo con él, además lo verbalizo. Menos mal que unos segundos antes había secundado pero en silencio el alegato de Jana. Sorry Jana. Supongo que no la acompañé en voz alta porque el resto de comensales sí lo hizo. Sin embargo me quedé solo en la defensa del punto de vista de Raúl.

Las opiniones son complicadas porque dos posturas enfrentadas pueden ser perfectamente defendibles, coherentes e inteligentes. A veces el apasionamiento logra emborronar el argumento contrario (o incluso el propio). El mundo de las ideas es complejo y fascinante justamente por eso. ¿Apostamos por la empatía de Jana hacía la vecina o por la practicidad y previsión de Raúl?

He escuchado muchas veces que debemos comportarnos con coherencia pero… ¿Qué implica exactamente esta coherencia? ¿Coherencia con nuestras opiniones y sensibilidades (la empatía de Jana)? ¿O coherencia con nuestro rol y las responsabilidades que conlleva (la sensatez paternal de Raúl)?

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Una respuesta a Do it

  1. carlos dijo:

    No creo que Raul vaya a dejar a su hija dormir acompanada en casa. Mientras los padres sigamos prefiriendo tener los ojos vendados estas cosas seguiran pasando en los rellanos. Cuando lo haciamos nosotros no abusabamos de nadie ni nuestra novia era una fresca. Si lo hace nuestra hija es que algun desgraciado esta abusando de ella. Si es nuestro hijo es un campeon. Un afortunado post-adolescente…. Aun estamos asi??

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