People are strange


Si, somos seres extraños. Por muchos motivos. Y con millones de ejemplos cotidianos. Tal vez incluso sea necesario que seamos así. Quienes me conocen saben que yo no soy el indicado para juzgar este tema. Así que este post tratará de no juzgar (difícil, ya lo sé) pero si exponer una de esas peculiaridades humanas tan extrañas como indigestas.

A mi amigo “C” (hoy debo mantener su anonimato porque creo que él también suele leer este blog) le gusta mucho el sexo. Y últimamente parece que a su mujer le apasiona algo menos que a él. “C” es un poco bocazas. Así que lleva meses contándonos a varios de sus amigos lo poco que hace el amor con su mujer. Y su última estrategía -consciente o no- es exponer el tema en grupo cuando su mujer también está presente para airear su frustración con cierto sarcasmo e irónica resignación. ¿Y cuál creeis que es la respuesta de su sufrida esposa? ¿Darse cuenta de su “error” y acostarse más veces con él? Obviamente no, pocas personas reaccionarían así. Su mujer, del mismo modo que muchos actuaríamos, le sigue el juego en público. Y luego en la intimidad le reprende su jugada castigándole de la manera que más sabe que le duele a “C”. Ya saben, menos sexo todavía.

Lo curioso del tema es que no creo que sea una estrategía inhabitual. Intentar persuadir a alguien remando en la dirección contraria. Meditado en frio la lógica nos lleva a su refutación. Pero en caliente parece ser una postura más o menos habitual.

En el plano laboral, tanto a nivel individual como en el grupal, me encuentro con muchas pesquisas donde se trabajan argumentos similares. Hace poco en una empresa en la que colaboro con cierta continuidad, estaba reunido con miembros del comité de empresa que querían comentarme sus reivindicaciones (y de paso sus estrategías para conseguirlas). Vayamos por partes. 1. Sus reivindicaciones… complicadas de conseguir (al menos todas) pero bastante lógicas. 2. Su estrategía… un desastre se mire por donde se mire. Sin entrar en detalles (no debo) cuando les pregunté sobre la dinámica que habían escogido y las distintas resoluciones antes este camino, todos se dieron cuenta de que cabían dos finales. El primero, el deseado. Y el segundo, el sucidio de la propia empresa. “¿Qué posibilidades reales creéis que tenéis de que acabe bien la cosa?” les pregunté. “Puede que casi un 10 o un 15%, ¿no?” Dijo el lider sin mucha convicción. Y ya no me atreví a preguntarles nada más. Un silencio incómodo nos envolvió unos breves segundos hasta que el mismo tipo añadió… “bueno, si tiene que acabar así, que así sea. Pero nosotros tenemos que seguir ese camino aunque no nos convenga.”

A mediados de los años 60 los Doors decidieron prescindir del bajo dentro de su formación y, en todo caso, sustituirlo por un órgano serpenteante. De manera puntual colaboró algún bajista en sus grabaciones de estudio pero no era lo usual. Gente extraña. Todos lo somos de alguna manera. Y nuestras decisiones dibujan quienes somos en realidad. People are strange

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