Acomodados intocables

Confesaré que empiezo a escribir este post sin tener muy claro como acabará el asunto. El tema a tratar lo tengo cristalino pero donde me llevará o que quiero exponer… Uffff. Bueno, empecemos y ya veremos. En todo caso siempre puedo eliminarlo una vez escrito (aunque si estás leyendo estas palabras es que el texto, astutamente o no, se salvó de la quema.) Allá vamos.

Mi mujer me preguntaba hace unos días por skype… (si, por skype. Vaya conversaciones más extrañas para tener en una videoconferencia, no?)… Bueno, pues me preguntaba sobre el problema más recurrente que suelo encontrarme en las empresas a nivel interno. Moby Dick. ¿Cuál es la gran ballena? ¿Cuál es ese animal al que a todo el mundo le gustaría hincarle el diente pero que es muy complicado de atrapar?

Y me sorprendió lo rápido que le respondí a una pregunta bigger than life. Los trabajadores acomodados. ¿Qué hacer con ellos? Llevan mucho tiempo, su actitud es un asco y saben que su finiquito les hace intocables. Trabajar bien o trabajar mal no cambia nada de su día a día. ¿Conocen esa frase tan manida de “es más fácil hacerlo bien que hacerlo mal”? Es una mentira como una catedral. Hacer bien una labor a menudo requiere esfuerzo, o dedicación, o intensidad, o inteligencia, o meticulosidad, o paciencia, o… puede que todas a la vez!!! Hacerlo mal no requiere ninguna de estas cosas. Simplemente requiere aprender a vivir con las miradas de desaprobación de otros. Pero a eso hay muchas personas que están más que acostumbradas. Podría decirse que incluso les gusta.

Por favor, entiéndanme. No estoy criticando la edad de los trabajadores ni estoy abogando por contratos de corta duración. Ni se me ocurriría. En muchos casos la experiencia sigue siendo un grado y los años aportan mayor implicación y sabiduría en el proyecto. Pero en otros casos, estos años otorgan a ciertos trabajadores un halo de inexpugnabilidad que les lleva a la ineficacia.

Es raro el curso de formación para mandos intermedios donde no salga a relucir el problema con estos individuos. No es solo que el desempeño de estos intocables sea infame. Es que a los que no se encuentran en su situación, a los que si les importa su desempeño en muchas ocasiones llega a afectarles, y mucho, la convivencia con estos colectivos. Ya ni siquiera entro en el tema de “los del comité.” Eso ya es ahondar en la herida.

¿Qué se suele hacer con estos casos? Pues hay de todo. Desde aprender a vivir con ellos, a formar al resto para que no les afecte la convivencia. Desde buscarles un lugar en el que “molesten lo menos posible” hasta tratar de hacerles la vida imposible (dentro de la legalidad) para forzar la marcha. Glups. También hay estrategias para tratar de recuperarlos, de volver a despertar en ellos la ilusión por algo del trabajo. A veces se opta por juntar a todos los “malos” para intentar que se ahoguen entre todos. Otras veces se intenta separarlos para quitarles fuerza y juntarlos con gente de actitud encomiable a ver si se les pega algo. Y… bueno, hasta aquí debo leer. Hay más estrategias pero no voy a soltarlas aquí así de una manera… obscena y gratuita, ¿no?. Y seguro que hay decenas de estrategias que no conozco. ¿Qué hacer con los acomodados, la gente de mala reputación?

Gente de mala reputación. Una canción pop perfecta. P-E-R-F-E-C-T-A.

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