InGravedad

El miércoles tuve una clase muy especial. Bueno, supongo que todas lo son en cierta medida. En alguna medida. En algún lugar. Pero esta tuvo un inesperado toque catárquico final. Un poco Lynch.

El tema del curso… nada nuevo bajo el sol. Las relaciones entre departamentos, y entre la central y sus delegaciones. ¿Por qué? Pues porque si no fuesen ya suficientes los problemas que generan los clientes, además, a veces entre compañeros decidimos (consciente o inconscientemente) hacemos la vida imposible.

Una vez entrevistados individualmente a todos los participantes, los objetivos concretos a tratar se cruzaban para enfocar los temas: perdemos las formas, abusamos del e-mail con copia (y mala leche), buscamos el interés propio o el del equipo aunque fastidie a compañeros, luchamos por saber quien orina más lejos, inseguridades, desconfianza, críticas excesivas, quejas infundadas, desgana, miedos, eludimos responsabilidades y pasamos la pelota, a veces buscamos el conflicto generalizado, indiscreciones, falta de colaboración (compartimentos estancos), aireamos problemas en lugar de solucionarlos, la información no siempre fluye, procedimientos farragosos (ralentización), ausencia de afectividad y… todo lo paga el cliente.

Ufff, muchos temas, ¿no? Bueno, en realidad no son tantos. O mejor dicho, son los mismos expresados de distintas formas. Y algunos guardan una relación causa-efecto. 32 horas para arreglar el mundo. Al menos SU mundo. O comenzar con la reforma.

El miércoles celebrábamos la tercera sesión. Algunos empezaban a impacientarse. Es lógico. Todo tiene su tempo. Y la estrategia dibuja sedación antes de seducción. La mayoría queremos entrar a matar pero como dice mi mujer: los previos son importantes.

El manual de procedimientos docentes dictaba una ronda de elogios en toda regla. Es una dinámica complicada. Ni siquiera el profesor sabe si saldrá bien o mal. Puede ayudar o complicar más las cosas. Puede ser forzado, frío e incómodo. O, como pasó antesdeayer, intenso, afectivo y emocionante. 22 personas frente a frente obligándose a pensar en positivo. Forzados a buscar los aspectos positivos de cada uno de sus compañeros. Con afecto y sinceridad.

Cuando la jornada llegaba a su fin, tocaba hablar de uno de ellos. Llamémoslo Lou. Un gran comercial que de vez en cuando suelta sus demonios con algunos compañeros de los departamentos más técnicos (y ellos sueltan los suyos con él, obviamente). Antes él había hablado de ellos, sin demasiadas ganas y con parquedad. Lógico teniendo en cuenta la relación tensa entre ellos.

Y entonces le tocó el turno a un compañero. Llamémoslo Brian. Llevaba escrito lo que quería decirle a Lou. Palabras honestas pero asépticas, ciertas pero frías y poco generosas. Brian miró a Lou, arrugó sus papeles y dijo (más o menos) “Tenía preparadas varias cosas para decirte, pero no las voy a leer. Prefiero decir lo que siento y me apetece ahora. Tú me has ayudado mucho y…” Y entonces, muy emocionado, empezó a recordar momentos del pasado en los que Lou y Brian se llevaban muy bien y como Lou le había apoyado en los momentos más difíciles. Lou fue a su encuentro y tras fundirse en una abrazo emocionante todos nos quedamos mudos un par de segundos. Era imposible decir una sola palabra. Es cierto que no eran las primeras lágrimas ni el primer abrazo del día. Otros se habían (y nos habían) emocionado ya antes. Pero sí era el primero entre dos personas inicialmente tan distanciadas.

Es posible que la muestra de afecto, generosidad y agradecimiento de Brian inspirara a Van (llamémosle así). O tal vez ya tenía preparado lo que iba a decir. Quien sabe. Cuando minutos después, instantes antes de terminar la sesión, Van le habló a Lou (otra de las relaciones complicadas de la plaza) siguió la estela marcada por Brian. Y finalizó con la frase con la que todo formador de un curso similar sueña con escuchar a sus alumnos. Dijo (más o menos): “Lou, tú y yo no nos llevamos bien, pero quiero que sepas que voy a hacer todo lo que esté en mi mano para cambiar eso. Desde hoy. Y quiero que lo sepas. Porque tú eres…” Puede que a alguien que nunca haya trabajado en una empresa con conflictos interdepartamentales esta frase le parezca lo más lógico del mundo. Pero en un entorno rebosante de egos, una declaración como la de Van vale su peso en oro.

Mi más sincero agradecimiento a todos los que allí estuvieron y colaboraron en crear la magia. No tengo ni idea si esto es el principio de algo o no. Pero la valentía, humildad, generosidad de los presentes no puede dejarme impávido. Ellos se merecen un mejor clima laboral. Se merecen llevarse mejor. Se merecen reconocer la nula gravedad de lo que les separa y ser más felices. Y se merecen que el Hércules C.F. remonte el vuelo (aunque todavía no sean muy herculanos, pero están en ello.) God Save Magnus Carlsen.

PD: ¿Alguna vez un canción (y su intérprete) han encajado mejor en un post?

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Una respuesta a InGravedad

  1. thesystem17 dijo:

    Gracias Edu, me hiciste mejor persona, independientemente de lo que haya podido aprender de ti y contigo, que es mucho.

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