Familia, batallas y…

Hace unos días, en un curso para mandos intermedios, una alumna notablemente enojada nos contaba al resto que tras un error, RRHH le había comunicado que la cambiaban de zona durante un par de días.

“Lo que más me molesta del asunto es que Recursos Humanos no haya tenido la valentía de al menos decírmelo a la cara. Por lo menos que me digan claramente que la he cagado y que me degradan dos días. Pero ni eso. No hay penalización económica y la zona a la que mandan es más tranquila, pero… sigue siendo una putada. Así que, en cuanto termine la clase voy a ir a su despacho a preguntarles porqué me cambian. A ver que me dicen.” Todos la mirábamos con ternura, empatía y lástima. Era obvio que estaba jodida y era fácil ponerse en su lugar.

Entonces le pregunté si había analizado las posibles respuestas y los escenarios que le abrirían. Me miró perpleja. “No te sigo” me dijo.

“Si… vas a preguntarles por qué. Y yo veo tres posibles respuestas. La primera es que no te digan nada y que se vayan por los Cerros de Úbeda. ¿Cómo te quedarías?” le pregunté. “Pues jodida” respondió ella.

“La segunda opción es que te digan que SI. Que te degradan por el error. ¿Cómo te quedarías?” le pregunté. “Pues jodida también.” respondió ella.

“Y la tercera respuesta es que te digan que NO ha sido por eso. Y entonces te cuentan otra razón que justifica el cambio. ¿Te lo creerías?” “Pues claro que no” dijo ella. “Normal, yo tampoco me lo creería. ¿Y cómo te quedarías?” le pregunté. “Pues jodida también.” respondió ella. “¿Entonces para que vas a ir a preguntarlo?”

A menudo, en el trabajo y fuera de él, nos metemos en batallas estúpidas. Batallas perdidas de antemano que nos causarán mayor desgaste y sufrimiento añadido. Elegir bien las contiendas es una virtud no suficientemente ensalzada.

El próximo miércoles (6 de noviembre) mi amigo Miguel Toledo impartirá una conferencia en el salón de Actos de Adeca en Albacete titulada “Bienvenido a la familia”. En ella, seguramente y entre otras cosas, Miguel hablará de las batallas dentro de toda empresa familiar y cómo conseguir que los conflictos inherentes a este tipo de empresa no nos amarguen la vida. Podéis ver una breve introducción en http://youtu.be/LJtQhV4tMgI.

“Si yo no estoy liderando el proyecto todo se va a derrumbar… Tengo que estar en todos los frentes porque si no, no salen las cosas… El futuro de mi familia y de mis trabajadores depende de mi… Debo inculcar a mis hijos la pasión de la empresa para que continúe viva… Como son familia no se les puede echar, aunque no valgan… Los contratos a cónyuges y otros familiares es tema delicadísimo… Si los hijos no valoran ni respetan el legado, ¿lo harán sus cónyuges?… ¿Están preparados todos mis hijos para puestos de dirección?…”

Si alguno de estos pensamientos te suenan (o atormentan) y quieres conocer como se enfocan estos temas en otras empresas, no faltes a la conferencia gratuita del 6 de noviembre en ADECA. Como dice Miguel, las batallas no se lidian, se ganan.

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