Derecho a pataleo

 

Últimamente casi todos los cursos que imparto están compartiendo un curioso e inquietante episodio. No es inusual, es cierto, pero lo que antes era esporádico hoy parece que se está convirtiendo en parada obligatoria de cualquier curso in company. Sea de la materia que sea, independientemente de su duración y de a quien vaya dirigido. Me explico.

Alguien -de cierta jerarquía en la empresa- me presenta delante de los alumnos y pronuncia algunas palabras sobre la importancia del curso para el devenir de la compañía y del de ellos mismos. Como he contado en algún otro post, en cuanto me quedo con los alumnos a solas suelo sondearles para saber qué esperan del curso, que problemas concretos se encuentran en el trabajo (relacionado con el tema de la clase) y trato de generar un pacto para el desarrollo de la clase. La idea es adaptar el contenido de las sesiones a su día y a sus problemáticas concretas.

Hace unas semanas en una reunión de profesorado de una escuela de negocios, el nuevo “boss” nos instaba a los docentes a utilizar la metodología del caso para ser más prácticos e instrumentales en nuestro enfoque docente. Cuando empezaba como profesor utilicé varios de esos casos disponibles buscando esa misma practicidad. Hoy prefiero diseñar mis propios casos a la medida de cada empresa, de las cosas que me cuenten los alumnos para que la adaptación a su día a día sea aún más sencilla.

El caso es que últimamente cuando insto a mis alumnos a que me ayuden a enfocar el curso ellos prefieren tomar otro camino. Aprovechan mi pregunta para poder desahogarse contando todas las cosas a las que se tienen que enfrentar. Pero no solo cosas relacionadas con el curso y en las que yo les puedo ayudar, en realidad sobretodo me cuentan problemas que tanto ellos como yo sabemos que no están en mi mano (ni en las suyas nomalmente). Y comienza una especie de terapia colectiva. Es un peaje emocional por el que tenemos que pasar antes de ponernos manos a la obra. A veces incluso me cuentan la situación del país o de su sector. Obviamente no quieren ni esperan soluciones. Aunque sin saberlo sí me están pidiendo algo.

¿Y qué hago yo? Pues asumo mi responsabilidad. Mi nueva responsabilidad. Inicialmente me contratan para ayudar en el CÓMO de una o varias tareas concretas. Se supone que debo orientarles en la búsqueda de nuevos caminos para afrontar nuevos escenarios. Pero, de repente, he de rodear momentáneamente el objetivo y centrarme en el POR QUÉ. Por qué tenemos que seguir peleando. Por qué tenemos que hacer más cosas. Porqué, por qué, porqué,… Y de repente ese curso instrumental requiere de un previo motivacional. Nada en contra. No siempre elegimos las batallas. Es solo que… No sé. Tal vez solo sea la melancolía propia del otoño.

Acabo de darme cuenta de que esta es la entrada 147 y que aún no he puesto ningún tema de los Beatles. Imperdonable. Este se llama “Tell me why” y los subtítulos ayudan a entender, si obviamos el leitmotiv romático, como la letra encaja a la perfección con el post.

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2 respuestas a Derecho a pataleo

  1. Por fin, pones algo de música a la qué mis oídos están acostumbrados.
    ¿Por qué has tardado tanto?…jejeje
    Ese pataleo es irremediable, incluso yo mismo me encuentro favoreciendo ese discurso entre mis alumnos.
    Un abrazo y siento ser tan poco entendido en tu música!

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