We are Fashion School

La semana pasada cené con Pablo y con Luis. Pablo está impulsando una escuela de moda de reciente creación y quería conocer a Luis porque su perfil encaja perfectamente en el profesorado que están buscando. Mi papel era de simple bisagra, conectaba a uno con el otro. Así que… ver, oír, callar. O al menos ese era el plan. Los dos hablaban sobre enfoques docentes, estilos formativos y consultoría disfrazada de formación.

Ambos conversaban sobre practicidad, instrumentalización de las sesiones, especialización,… Muchas veces he escuchado esto asociado a la formación y no siempre la expectativa se ha cumplido. Entonces Luis precisó un modelo concreto de clase.

“Casi todas las empresas son conscientes de la importancia que tiene el punto de venta. Y se ocupan y preocupan de su diseño. Pero son pocas las empresas que enfocan metodológicamente el asunto. Para ellos es difícil -o directamente ni se lo plantean- poseer elementos de medición sobre los ítems de la puesta en escena. Incluso algunos confunden el Visual Merchandising con el escaparatismo. Manejo de espacio, uso de la luz, soportes, colocación del producto,… todos estos factores son MEDIBLES. Por eso en algunas empresas se maneja un chechk-list propio para analizar (y puntuar) el nivel de adecuación de todos los elementos evaluando y prediciendo el impacto real que causará en los clientes. Es un arma poderosísima. Pero requiere conocer los parámetros de medición, el impacto de cada uno de ellos y como calibrarlos. Obviamente hay personas más observadoras que otras, pero no se trata de tener ojo clínico ni es un arte ni nada de eso. La cuestión es conocer las reglas y saber como utilizarlas. De eso va el curso.”

Les diré algo. No tengo ni idea de moda. Ni idea. Tengo mis gustos, como todo el mundo, pero el mundo de las tendencias no es algo que me obsesione demasiado. Y la formación sobre el tema siempre me ha parecido que con la excusa de lo etéreo del asunto casi todo se apoyaba en abstracciones poco o nada instrumentalizadas. A menudo escucho a personas defendiendo las bondades de un concepto, de una imagen o de una presentación aludiendo a aspectos poco o nada medibles. Quizás por eso se prestaban a un debate interesante pero estéril a la postre.

En mi mundo son muchos los comerciales que bajo el pretexto de que “cada cliente es un mundo” dejan todo el peso de las entrevistas comerciales a la improvisación total. Dan de lado cualquier tipo de método justificando que necesitan cintura para adecuarse a cada caso. Así que la venta queda como un arte y su organización, su agenda y la preparación de las visitas queda relegado al limbo más absoluto. Mientras se vende… viva la anarquía. Pero cuando las ventas bajan se perciben nítidamente las costuras de la no-estructura. Y es mentira; el orden, el método y la medición no cercena ninguna destreza. Más bien al contrario.

Si WE ARE FASHION SCHOOL, que así se llama la escuela, desarrolla más cursos con esta orientación de practicidad y metodología asociada a un contexto tan poco dado a la estructuración… bienvenida sea.

La web de la escuela vende distintas bondades sobre su enfoque formativo, pero a mi con la que percibí esa noche me basta y me sobra.

Quien sabe, tal vez incluso me inviten a participar en sus saraos aunque no pertenezca al selecto club.  Mucha suerte.

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