La fiesta terminó. Viva la fiesta.

Oh no, God damm // I missed the last tram // I killed a party again

Hace unos días impartía una sesión de formación sobre cómo enfocar los aspectos más complicados de una presentación. Entre las distintas situaciones que preocupaban a mi audiencia se encontraban las desviaciones. Los imprevistos. Cualquier alteración de la planificación prevista que nos lleve a un estado de descontrol y de ansiedad creciente (decían algunos de mis alumnos).

Nos guste o no, por muy bien que planifiquemos todo, y aunque diseñemos distintos escenarios, en ocasiones surgirán situaciones no previstas. Y entonces, como casi siempre, decidiremos si es el momento de jurar en hebreo y maldecir nuestra suerte. O si por el contrario optamos por diseñar una nueva realidad.

¿Tan malo es que el power point no funcione? ¿Os acordáis de los tiempos en los que no existía aún esta herramienta? Ufff, qué mayor soy!!! Muchos de los aciertos y descubrimientos a los que he llegado como docente han venido de la mano de los accidentes que me han obligado a reinventarme y a enfocar de otro modo la tarea.

A nivel sociológico, vivimos unos momentos en los que sentimos que la fiesta se ha terminado. Abruptamente. Ni imaginábamos que estaba en su ocaso porque tal vez coincidió con su esplendor. Y la resaca está siendo de órdago. El malestar y el descontento es creciente. Se palpa una melancolía hacía esos tiempos no tan lejanos de despiporre y pelotazo generalizado. ¿Pues saben qué? Yo no tengo ninguna melancolía. Si, se acabó la fiesta. Unos tienes más culpa que otros, pero puede que entre todos nos la hayamos cargado. Pero era una fiesta irreal y fatua.

Diseñemos otra nueva. Es cierto, hay menos recursos. Pues no habrá alcohol ni drogas. Ni falta que hacen. Pero esta fiesta será más cabal, más orgánica. ¿Aún guardamos nuestros viejos vinilos? Claro, el Rock&Roll es gratis, saben? No necesitamos mucho más. Basta ya de lamentarse y empecemos la nueva fiesta con los instrumentos que tengamos. Voy a dar una fiesta. Estáis todos invitados. Bueno, casi todos.

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4 respuestas a La fiesta terminó. Viva la fiesta.

  1. jatorregrosa dijo:

    Es curioso que nos guste tanto la planificación a algunos y la improvisación a otros. Pero como siempre, mi opinión es que la virtud está en el término medio. Me gusta preparar y ensayar todas mis presentaciones… pero cómo disfruto de una buena improvisación!
    Un abrazo!!

    • Cualquier amante del jazz sabe que la improvisación solo es posible cuando se domina totalmente la estructura inicial. Improvisar es desviarse. Y por definición, uno no puede desviarse si no hay una vía. 100% de acuerdo con ty comentario; no debemos confundir improvisar con no planificar.

  2. Ayer escuche una frase de un escrito español, que decía que “El placer el la felicidad de los tontos, y la felicidad el placer de los sabios”

    Supongo que épocas pasadas el placer sintetico de una irrealidad nos ha vuelto a todos un poco todos pensando que la felicidad dependía de ello. Sea como sea yo me apunto a la fiesta que dice Edu, tampoco tengo melancolía solo agradecimiento por lo vívido y entender que somos lo suficientemente sabios para crear no solo para esperar.

    • Es cierto que ser invitado en una fiesta ajena es muy cómodo. Pero diseñarla tú mismo otorga responsabilidad y elección. O la diseñamos nosotros o nos la diseñarán otros. Como cantaban los Ramones “We want the world and we want it now”.

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