Lo que no suma, resta.

Los lectores habituales de este blog seguramente  ya estarán acostumbrados a mi afición por hincarle el diente a verdades aparentemente irrefutables para sembrar alguna duda acerca de su carácter incuestionable. Supongo que me incomoda que algo no pueda ser debatido. Aunque como dice el gran Chuck Klosterman «Todo puede ser debatido, pero eso no significa necesariamente que todo sea debatible.»

La sentencia que hoy me ocupa es: “La sabiduría no ocupa lugar”. Comprendo el propósito de la frase, siendo profesor sería un poco incongruente no estar de acuerdo. Pero… me gustaría matizarla. ¿Puedo?

Cuando era adolescente (y post-adolescente) mis hobbies tenían más espacio en mi vida, mis pensamientos y en mi memoria. Recuerdo conversaciones en la universidad donde cada  interlocutor demostraba su sapiencia (y estúpida condescendencia a la par) del tema en cuestión (cine, música, fútbol, literatura, comics,…) Con el tiempo, mi desarrollo laboral me llevó a que mis pensamientos, conocimientos y memoria empezaran a utilizarse para cosas menos prosaicas. Obviamente no es un caso aislado, y ejemplifica que tal vez el saber si ocupa un lugar. Puede que no físico, pero si de pensamiento. Cuando algo nuevo entra, algo viejo sale (o se va a una zona menos accesible de nuestro cerebro).

En esa adolescencia, fui abriendo mi enfoque musical a medida que descubría estilos más o menos afines. Uno de ellos fue el psychobilly. Gustándome el punk y el rockabilly estaba cantado que esa onda me gustaría. Y durante un par de años me compré bastantes discos en esa línea. Durante los últimos 20 años me he metido en muchos estilos musicales pero solo reniego de uno de ellos. ¿Adivinan cúal? No tardé mucho en darme cuenta que en realidad el psychobilly era un estilo bastante ramplón. Más imagen que música y pocos, muy pocos grupos salvables. Pero seguía teniendo 43 lp´s entre mi colección. Aunque me avergonzaba un poco, trataba de no pensar en ello. Y tampoco ocupan mucho espacio, no?

Hace año y medio me crucé por la calle con Gerardo. Gerardo es un antiguo amigo de adolescencia que montó una tienda de discos y que canta en un grupo de psychobilly (que continúa siendo su estilo preferido). Me propuso venderle toda mi colección de discos psycho. Bueno, en realidad me propuso un cambio. Le llevé mi colección y alucinó. “Me la quedo toda. Un trato. Apúntame vinilos que estés buscando y… disco por disco.”  Una semana después le daba la paliza a todos mis amigos con el negocio. Me había quitado de encima una etapa “vergonzosa” de mi vida y, a cambio,… 43 joyas que no poseía en vinilo (nunca mejor dicho, poseer): Joy División, Blag Flag, Pixies, Dead Kennedys, Nick Drake, Galaxy 500, Televisión, Hüsker Dü, el “jodido album blanco”,… Bajo mi prisma, tesoros por basura. No podía creérmelo.

Hace muchos años escuché (y me apropié) de la frase “todo suma”. Años después le añadí… “lo que no suma, resta.” A veces el saber si ocupa lugar y soltar lastre puede ser una buena opción.

Y ya que he mencionado a Hüsker Dü, hay una canción de Sugar (el grupo que montó Bob Mould cuando se disolvieron los Dü) que, si añadimos un enfoque romántico al asunto, viene que ni pintada.

Por si les interesa, hace casi un año, ya abordé en este mismo blog algo similar pero desde una óptica distinta: https://eduardorosser.wordpress.com/2012/03/19/el-sofa-de-mierda/

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