Fin de semana vampirizado

Vampire-Weekend

Hace un par de meses escuchaba en la radio una curiosa encuesta (poco metodológica) sobre el día preferido de la semana. Lógicamente, el primer puesto lo ocupaba con holgura el sábado. Y a continuación venía el viernes. En tercer lugar, y porcentualmente a una distancia considerable del viernes, estaba el domingo.

En la emisora, a ningún contertulio le extrañaba este orden. Incluso ellos mismos decían preferir el viernes sobre el domingo. ¿Pero y si dedicamos unos minutos a comparar racionalmente ambos días? El viernes es un día de trabajo, para muchos incluso de mucho trabajo. Hay que finalizar muchas cosas y se acumula todo el cansancio de la semana. Pero la expectativa del fin de semana por delante, la ilusión que puede generar, hace que emocionalmente sea un día muy apreciado. El domingo es 100% libre. Lo normal es que no tengas que madrugar (o que si lo haces sea por placer), tienes todo el día para disfrutarlo pero… saber que al día siguiente comienza de nuevo la semana laboral hace que no lo apreciemos como debería.

La ilusión es fundamental. Y se fundamenta en las expectativas. Pero en muchos casos, no disfrutamos del presente (domingo) porque el futuro cercano (lunes) ensombrece las posibilidades del día a día. Si embargo, ante la perspectiva de un futuro cercano de disfrute (fin de semana) valoramos y apreciamos el presente (viernes) aunque realmente pueda ser realmente duro y ajetreado.

Mundo viejuno.

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