Ferris Bueller’s Day Off

si llevas droga

28/11/2012. Me desperté a las 6:30. No había dormido demasiado bien. El día anterior había llegado por los pelos a una clase en Toledo (tras 4 horas en coche y algo de retraso). Me quedé a dormir en Madrid en casa de mis amigos Maria y Jordy. Los dos son fantásticos y paso muchas noches con ellos en su piso de las Tablas. Pero tras su magnífica cena (suelen mimarme demasiado) me había costado un poco dormirme y cuando sonó el despertador me noté especialmente cansado.

Llegué a Barajas a tiempo para el avión que debía dejarme en Alicante a las 10:10. Había tardado en hacer el checkín online y no pude pillar un asiento en puerta de emergencia. Cuando llegué a mi asiento, mi compañero de trayecto me saludó con una tierna sonrisa. Al sentarme percibí que el olor corporal del tipo era una mezcla de excrementos y vómito. Caray!!! A las 9 de la mañana!!! Eso me puso de mal humor y tuve que cambiar mi plan inicial. Acababa de comprarme el libro “Postales negras” de Dean Wareham y quería empezar a leerlo en el avión mientras escuchaba a Galaxy 500 en mi iPhone. Pero esta experiencia se me hacía incompatible con el panorama al que me enfrentaba. Al final me puse a los Stooges e intenté leer la revista de Iberia. Es curioso, pero nunca he utilizado la música para cambiar mi estado de ánimo, sino más bien para acompañarlo. He escuchado y leído a mucha gente que cuenta como la música puede cambiar los estados de ánimo pero a mi nunca me ha funcionado. O a lo mejor no quiero que funcione.

Aterrizamos con 20 minutos de retraso. Mi compañero (y amigo) Alfredo me estaba esperando en el parking. Teníamos una hora de coche hasta llegar a Cartagena. Allí debía impartir una conferencia para IBM. Bueno, para clientes de IBM. Le pregunté a Alfredo por el panorama actual. Mala elección. Nos pasamos la hora de camino hablando de marrones, problemas, incertidumbres,… Nos suele pasar. Termina siendo una terapia mutua donde recíprocamente nos lamemos las heridas. El retraso del avión amenazaba con llegar muy justos a mi conferencia de las 12. Más aún cuando tardamos más de lo normal en aparcar frente al auditorio donde se celebraba el evento.

Pero nada más aparcar supe que todo estaba a punto de cambiar. Esa leve tristeza preñada de melancolía por tiempos mejores en la que Alfredo y yo nos habíamos metido iba a difuminarse. Al salir del coche y ver el imponente auditorio recordé que allí mismo, hacia no muchos meses había disfrutado acompañado de mi amigo Rafita de un fantástico concierto de Fleet Foxes. Suena un poco tonto pero mi intuición suele despertarse ante cosas tan pequeñas e insignificantes.

Cuando llegamos a la recepción nos enteramos de que un leve retraso en el planning retrasaba mi conferencia a las 13 hrs. Fantástico. Este retraso si. Llegar justito a una conferencia no mola. El backstage es necesario. Hace falta probar sonido y adecuarse a la dimensiones del local. Y, a poder ser, escuchar algo a los teloneros. Incluso nos dio tiempo tomar algo antes del envite.

Hoy, cuando me toca impartir una clase o conferencia, no se muy bien como pero logro esa sensación tan manida de “fluidez”. Olvido todo lo anterior y posterior a la sala y no hay otra cosa en mi mente. La conferencia salió muy bien. Hace años me costaba conectar con audiencias técnicas. Estaba más acostumbrado a perfiles humanísticos (recursos humanos, comerciales, …) y no encontraba la tecla ni el tono con otros colectivos. Hoy creo que ya tengo superado el tema. Alfredo y yo nos quedamos un ratito al cóctel posterior y surgieron conversaciones muy interesantes con algunos asistentes no menos interesantes.

No pudimos terminar de almorzar porque mi avión salía del Aeropuerto de Alicante a las 17:35. Durante el coche de vuelta, tanto el humor de Alfredo como el mío había cambiado. Hablamos con ilusión sobre aspectos relacionados con la formación, la manera de enfocar las conexiones con alumnos, y distintos caminos de la retórica y la elocuencia. Cuando Alfredo y yo nos embarcamos en este tipo de conversaciones siempre encuentro ideas interesantes.

Llegué al aeropuerto con 20 minutos hasta la hora de embarque. Percibía que este vuelo nada tendría que ver con el de la mañana. Todavía tenía hambre, así que me compré un kebap (los mejores kebap que pueden comprarse en el aeropuerto de Alicante) y lo guardé para el ritual del avión. Un poster-anuncio genial me hizo sonreir justo antes de embarcar: “Si llevas droga encima… en el avión te cocinan langosta y el comandante te deja pilotar.” Y un poco más abajo… “Si te has creído que pasar droga es la solución a tus problemas, te puedes creer todo lo demás.

Esta vez si tenía asiento en puerta de emergencia. Y no tenía compañero de viaje. Me senté, estiré las piernas y esperé. Llegó mi compañero de viaje. Bueno, en realidad, compañera. No era demasiado atractiva (ni falta que hacía) pero olía muy bien. Creí percibir en su perfume algunas notas de vainilla. Genial.

Tras despegar y apagarse las luces de los cinturones. Bajé mi mesilla, coloqué mi kebap, me puse los cascos del iPhone y “Blue thunder” de Galaxy 500 explotaba en mis oídos mientras comenzaba a leer el prólogo de Ignacio Juliá del libro de Dean Wareham. La chica me dijo algo, yo me quité los cascos y le contesté. No era especialmente guapa pero sí era lista. Me dejó en paz con mi kebap, mi libro y mi música. A través de mi ventana ví que empezaba a anochecer y a pesar de que el kebap ya estaba frío pensé que era difícil igualar una experiencia similar. Fui cambiando mi elección musical a medida que el libro me señalaba el camino: VU, Feelies, Modern Lovers, …

Al aterrizar llamé a mi mujer. Mi hija mayor se había portado realmente mal en el cole. Y Marisa estaba triste y avergonzada. Saqué mi coche del parking y camino a Logroño. Al día siguiente tenía un curso allí a las 9 de la mañana y era el único modo de llegar. Mi gps me decía que llegaría pasadas las diez de la noche. Bueno, había hecho una comida-cena, no?

Al parar en una gasolinera dos chicas me miraron sonriéndose (entre ellas, no a mi). No entendí la gracia hasta que al llegar al aseo me percaté de que no me había cambiado el calzado. Llevo en mi maletero un par de deportivas rojas comodísimas que me pongo cuando voy a conducir muchos kilómetros. Gran consejo de mi insuperable fisio Antonio. Supongo que un tipo con traje azul y deportivas rojas es bastante divertido.

De todas formas mi estilo estaba a punto de cambiar. Cogí del maletero unos vaqueros y un jersey para cambiarme en el aseo de la gasolinera (suceso habitual en mi día a día). El aseo no tenía pestillo y dada la estrechez del wc, decidí cambiarme junto al lavabo. A mitad de la transformación entra un tipo, me mira y sin mediar palabra inicia su orina.

“Vaya calzoncillos más guapos, tú. ¿Son de Massimo Dutti?”

“Pues no lo sé. Ya sabes. ¿Tú te compras tu ropa interior?”

“Jajajaja. Ahora sí, estoy divorciado. Oye, ¿Por qué ya no se llevan los slips? Eran mucho más cómodos. Todo recogido y en su sitio. ¿No te parece? (dijo “no te parece?” mientras de fondo se le escapaba una armónica flatulencia.)

“Pues no sé. Yo sigo utilizando slips para hacer deporte. La verdad es que eran más cómodos, si.”

Me sentía como si estuviese dentro de un guión de Tarantino. Era ridículo pero muy divertido. Llegué a pensar que podía ser una broma o una cámara oculta de esas. En fin.

Volví a llamar a mi mujer, las niñas se habían acostado solitas y la peque me echaba de menos. Hablamos media hora y desdramatizamos juntos varios follones y nos reímos un rato. Colgué. Mi gps me recordaba que todavía tenía una hora de trayecto. Tras Logroño me esperaba una vuelta a Alicante en coche (vía Zaragoza) algo pesada. Pero tenía suficientes novedades discográficas para que eso no fuese un problema. No podía quitarme de la cabeza una cita que había leído en el avión en el libro de Wareham. Una frase de Isaiah Berlin: “El zorro sabe de muchas cosas, pero el erizo sabe mucho solo de una.”

Feliz Navidad. Nos vemos en el 2013.

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3 respuestas a Ferris Bueller’s Day Off

  1. jatorregrosa dijo:

    Qué bueno Edu. Ya veo que has preparado este post para tenernos entretenidos todas las Navidades leyendo. (Aunque yo ya me lo he zampado de aperitivo). Cada día me doy cuenta de lo ilustrativo que resulta contar tu propia experiencia como ejemplo didáctico.
    Un abrazo y felices fiestas.

  2. jeanco1971 dijo:

    Si senor, muy buen post. Perdon por los acentos y la ene; los teclados franceses son una pesadilla

  3. David dijo:

    Edu, felicidades, me ha parecido un relato muy estimulante…por momentos me ha recordado a alguna escena de up in the air, las conversaciones on the road más amables (si las hay) de fear and loathing in Las Vegas y el fetichismo rutinario de Bateman

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