Decisiones, anchoas y algarrobos

Sábado pasado, cena en casa de unos amigos. Un miembro de su pandilla (¿se puede decir pandilla?), es un joven empresario de éxito hecho a si mismo, que ha logrado maximizar exponencialmente la humilde empresa familiar que heredó hace unos años. Durante la cena, sin alarde alguno, este chico compartió un pequeño dilema que le atenaza. Concreto y claro, contó que de vez en cuando  le encanta comerse bajo un algarrobo un bocadillo de anchoas (¿de anchoas?). Ningún problema, ¿no? Bueno, si, uno. Resulta que él se siente culpable por hacer esto. “Mi padre trabajaba mucho más y no creo que entienda este tipo de cosas.”

Y entonces, mirándome divertido, mencionó algo sobre el coaching y su supuesta utilidad. Y yo recogí el guante elegante y estúpidamente. Ni era el momento -2 de la madrugada-, ni el contexto, ni el estado -demasiados gin tonics-. Le pregunté acerca de cómo se sentía, sobre la relación con su padre, etc. (madre mía, a las 2 de la mañana). Él no paraba de mencionar que a mitad de bocadillo le suelen llamar para decidir si debe comprar o no algo (no recuerdo exactamente) y que es irresponsable quedarse bajo el algarrobo cuando en esa decisión está en juego 20.000€ arriba o abajo. Otra vez la alargada sombra de su padre.

Siempre he pensado que lo más difícil en la vida es tomar decisiones. Incluso la comunicación se basa en decidir qué decir, qué callar, qué preguntar. Las decisiones que tomamos delimitan quien somos y seremos. Y el gran problema es que al decidir A, eliminamos B, C, D. Y hay que aceptarlo. Pero muchas veces lo queremos todo. Queremos cosas difícilmente compatibles. Llevar un negocio a nuestra manera (por cierto, una manera brillante) y a la vez tener la aprobación paterna (con un estilo de gestión muy distinto). Y aún más grave es no darnos cuenta de que aunque decidir es complicado, simplemente el hecho de poder elegir entre varias opciones ya es una bendición.

La noche antes (viernes en el Dcode Festival en Madrid), la jornada terminaba a las 7 de la mañana comiendo-cenando-o-desayunando unos mágicos espaguetis en el mítico Lady Pepa´s. Y mientras degustaba la pasta, cantando los fabfour, era consciente de que “darlo todo” dos días seguidos no es demasiado aconsejable. ¿Pero sabéis qué? Una vez que has decidido algo, qué demonios!!, disfrútalo. Si decides comerte el bocadillo de anchoas… estupendo. Saboréalo. Y si decides olvidarte del algarrobo y buscar la aprobación paterna… pues genial. Búscala con ahínco y olvídate del algarrobo. Pero en general nos quedamos a mitad de camino, avanzando en una dirección pero mirando hacía atrás una y otra vez. Como dijo el mayor poeta vivo (Bob Dylan, of course)… Don´t look back.

Por cierto, hablando de Dylan, volviendo el sábado por la tarde a Alicante escuché su último disco y me gustaría pedir algo a la comunidad científica. Por favor, encuentren ya la fórmula de la inmortalidad. Este señor no puede morir nunca.

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