Pasiones en liquidación

La gente está triste. No toda, pero hoy nos cruzamos con cada vez más gente triste. ¿Si CR7 lo está como no podemos el resto también sentirnos así? Supongo que un presente difícil y un futuro aún más incierto nos puede llevar a una desilusión constante que lastre nuestra actitud diaria.

Yo no tengo la clave para revertir esto. ¿Alguien la tiene? Y ninguno de los libros, seminarios o conferencias a las que he asistido sobre el tema (la felicidad) me han convencido demasiado.

Sí me gustaría dar una visión sobre el tema a través de un par de escritores alejados del mundo de management.

Jim Dodge en el soberbio “El cadillac de Big Booper” confiesa… «Sería una tontería decir que la música me salvó o curó, pero en mi rutina diaria de baños calientes, latas de cerveza y comida, lo que más me sostenía era la música: no porque me ofreciese salvación (eso no hay nadie que te lo solucione) sino por el consuelo que me daban sus promesas, su chispa de vida, su salvaje y poderoso arco sináptico que enlazaba espíritu, mente y carne.» A-M-É-N.

La locura de la pasión despierta esperanzas. Pasión por lo que sea (la música, las personas, los coches, los muebles antiguos, coleccionar dedales del mundo!!!). La pasión genera entusiasmo y crea realidades paralelas. Quizás irreales en muchos casos. Tal vez sea un enfoque escapista desacertado, no sé. Mike Rohn dijo: «Encuentro fascinante que la mayoría de las personas planifican sus vacaciones con más cuidado de lo que planean su vida.Quizá es porque escapar es más fácil que cambiar.»

También entra en escena el, últimamente imprescindible, Nick Hornby para añadir algo de sana autocrítica a este enfoque algo onanista… «Es acertado afirmar que la mayor parte de nosotros nos definíamos solamente por la cantidad y el alcance de nuestras aficiones. Unos chicos tenían más discos que otros; algunos sabían mucho de fútbol; a otros les interesaban los coches, el rugby, lo que fuera. En vez de una personalidad teníamos tales o cuales pasiones, pasiones previsibles y desprovistas de todo interés, que de ninguna forma hubiesen podido iluminarnos o reflejarnos tal como las de mi novia la iluminaban y la reflejaban. Y ésta es una de las diferencias más inexplicables que hay entre hombres y mujeres.

»He conocido algunas mujeres a las que les gusta el fútbol, mujeres que van a ver unos cuantos partidos por temporada, pero aún no he conocido a ninguna capaz de hacer un viaje a Plymouth un miércoles por la noche. Y he conocido a mujeres a las que les gusta la música, mujeres que distinguen perfectamente entre Mavis Staples y Shirley Brown, pero nunca he visto a una mujer que tenga una inmensa colección de discos neuróticamente ordenada por orden alfabético y en constante expansión… No pretendo decir que no existan mujeres mentalmente estreñidas, pero sí está claro que son muchísimos más, de largo, los hombres a los que se puede aplicar ese concepto. Así como hay mujeres obsesionadas, suelen estarlo, creo yo, por otras personas; a lo sumo, el objeto de sus obsesiones cambia con relativa frecuencia.»

Un servidor nunca se atrevería a realizar tamaña diferencia entre hombres y mujeres. Pero hace que me pregunte si no es más… sano (es esta la palabra?) cambiar con relativa frecuencia nuestras obsesiones-pasiones. ¿Y se puede? Me niego a pensar que la diferencia estribe en el sexo de las personas.

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