Todo tiene un principio

Este tendría que haber sido el primer post de este blog. Pero claro, eso lo sé hoy, el día que escribo esta entrada. Pero, aunque el orden no pueda subsanarse, es lícito y pertinente señalar el fallo. Dicho queda.

Tenía 17 o 18 años. Cursaba 3º de BUP por tercera vez y andaba algo perdido. Entonces mi padre me sugirió que hablase con un tipo “interesante” (me dijo). Fui a verle. Ramón Morcillo se llamaba (y se llama). Era orientador laboral (entonces, inicios de los 90 se llamaban así, hoy no lo tengo claro.)

Me estuvo haciendo preguntas durante un buen rato. Tomaba notas y me miraba con expresión inmutable. Yo no tenía ni idea si me juzgaba, me aprobaba o me compadecía. Cuando tuvo toda la información que creyó necesaria me soltó un pequeño discurso que no solo no he olvidado sino que, con matices, he utilizado en más de una ocasión.

«Mira chaval, eres un cobarde. Y estás acojonado. Es normal. Estás tan a gusto donde estás que no quieres hacerte mayor. Te escudas en el rollo atormentado de no saber que hacer con tu vida. Y en parte tienes razón. ¿Quién coño lo sabe a los 18? Nos obligan a elegir que queremos hacer con nuestra vida a una edad en la que no estamos para esas cosas. Pero tienes suerte, chaval. Mucha suerte. ¿Sabes por qué? Porque en realidad tienes 4 o 5 años de prórroga. Nadie te lo ha dicho pero lo que hoy elijas no condicionará tanto tu vida. Salvo dos o tres carreras universitarias, el resto son solo iniciáticas. No te enseñarán casi nada práctico que tenga que ver con el trabajo. Y por eso cuando termines la licenciatura entonces sí tendrás que focalizar y elegir el camino. Incluso hay algunas carreras que son tan multidisciplinares que todavía tendrás muchas muchas puertas abiertas para decidir que hacer con tu vida.»

Un rollo nada “coach”, ¿verdad? Y me sirvió de veras. Fuera miedos. Más tiempo. Y desdramatizar la toma de decisión. Al final escogí sociología (¿hay algo más multidisciplinar?). Casualmente, en la época una de las carreras con mayor número de chicas por aula.

Además, en cuanto terminó su arenga supe que eso era lo que yo quería hacer. Ayudar a las personas. Preguntarles, escucharles y poseer información para que tomasen decisiones. Minimizar bloqueos, apartar miedos. Con diferentes estilos y procedimientos, pero ese era el camino. Además ese punto retador, cercano y desafiante a la vez, también me gustó.

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4 respuestas a Todo tiene un principio

  1. Y lo haces de maravilla Eduardo! Bienvenido después de tus merecidas vacaciones.
    Por cierto estoy totalmente de acuerdo con lo de que muy pocas carreras universitarias condicionan tu futuro profesional, sino que me lo digan a mi.
    Un abrazo.
    P.D.: Los partidos de nuestro equipo hay que verlos completos… por malos que sean. Te salvaría que estuvieras utilizando gestión eficiente del tiempo.

  2. Cada vez estoy más convencido de la fuerza de los enfoques desdramatizadores… Gran post… Todo suma… Y todos venimos del mismo sitio…

  3. ivan dijo:

    ¡¡¡ gracias a Dios !!!, mejor dicho a tu padre que te hizo hablar con ese tal Sr.Morcillo y te inclinaste por la sociología.. así todos hemos podido aprender algo..

    un saludo Maestro

  4. Fran Herrera dijo:

    Hola Edu, este año también seré sufridor cómo tu….bueno…yo y mi hijo, nos hemos hecho socios del Hércules…espero verte por allí. Un abrazo.

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