Caminos que conducen a Roma

Después de un fin de semana muy denso y ajetreado, fusionemos ciencia, esquemas mentales y… ¿política? Toca ponerse serio.

En ciencia, la tendencia al desorden se denomina entropía. Y lo opuesto al desorden se conoce como estructuras disipativas del caos. El desarrollo de esta teoría le valió el Premio Nóbel de Química al científico belga, Illya Prigogine. Y su aportación ha permitido analizar la recomposición de un nivel de orden superior partiendo del caos o desorden.

Por ejemplo, el fuego supuso el caos y la destrucción para el ser humano en los inicios de su andadura. Rayos, incendios y volcanes calcinaban a los primeros homínidos que fueron víctimas de sus efectos. Pero cuando aprendieron la técnica de producir y controlar el fuego, éste se convirtió en la cimentación de la civilización y creación de un orden superior. Permitió sobrevivir a bajas temperaturas. Defenderse de los animales en la oscuridad, y empezar a cocinar alimentos y comer carne, lo que les facilitó evolucionar hacia un intestino más corto, digestiones más rápidas y por tanto mayor aporte de sangre a un cerebro evolutivo que precisaba un mayor riego sanguíneo.

En forma similar pero en tiempos más recientes, los minerales y el petróleo han pasado de ser productos de desecho (piedras y basura paleolítica) a generadores de energía. Como en el caso del fuego, tan sólo se ha necesitado la técnica para reconvertir productos inútiles en creadores de un orden superior. Y al mismo tiempo, han provocado nuevos problemas o situaciones caóticas (contaminación) que precisarán de un nuevo esfuerzo tecnológico para crear un nuevo orden.

Uno de los ejemplos preferidos de Ilya Prigogine corresponde a los problemas de tráfico urbano. Cuando existe saturación de tráfico en el casco urbano, se crea un caos circulatorio que asfixia la locomoción del sistema. Como en todo caos, se crea desorden y se pierde la libertad. Uno no conduce. Es conducido por el caos (atascos y cuellos de botellas que obligan arbitrariamente a parar y reducir la velocidad). Y en este caso, la tecnología transforma el desorden en un orden superior al implantar una estructura de disolución del problema mediante la construcción de scalectrics, túneles y parkings subterráneos.

A mayor complejidad de la estructura en disolución, mayor es la energía creativa para que el sistema sea estable, y mayor es el riesgo de desorden o caos. Y cuando el problema alcanza un tamaño crítico, mayor es la dependencia de una tecnología que remita el caos a un nuevo estado superior. Si bien la aportación tecnológica puede fundarse en un cambio pequeño que afecta a todo el sistema.

¿Podríamos aplicar este enfoque a la situación global actual? ¿Estaremos, como muchos apuntan, en la antesala de un orden superior? ¿De que tipo? Ok, somos conducidos pero, ¿tenemos los medios necesarios para transformarnos en ese orden superior que implante una estructura de disolución del caos actual? I want to believe.

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Una respuesta a Caminos que conducen a Roma

  1. jatorregrosa dijo:

    Después de discutir con varios expertos y aficionados sobre la materia, existe más bien consenso en pensar que un cambio del orden de poder social que disuelva el caos actual es inevitable, pero cíclico.
    Siempre que la humanidad se ha enfrentado al caos lo ha resuelto de forma violenta, ha cambiado el orden, pero el ciclo vuelve a generar un poder de unos pocos y la agonía de la mayoría. ¿Será posible otro tipo de orden?

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