Antes de hablar, ya te la juegas

La maldición de los nombres

 

Hace mucho tiempo que no compro discos. Ni cd´s. En Alicante. Porque cuando estoy de viaje (ocio o trabajo) suelo acercarme a alguna pequeña y oscura tienda de discos buscando novedades y gangas. Supongo que es un poco raro. Austeridad en mi ciudad y voracidad en cualquier otra. La cuestión es que hace unos días, rebuscando en la cubeta de cd´s de segunda mano en una discreta tienda de discos manchega, encontré -y me llevé- el álbum Heartbreaker de Ryan Adams. Y, aleluya, es un disco magnífico, brillante, sin ningún tema de relleno, con una producción perfecta… Una obra de arte. En mi opinión, claro.

Y este descubrimiento me ha llevado a reflexionar sobre un tema. Este disco se editó hace 12 años. Llevo leyendo críticas excelente sobre este chico (en solitario o al frente de Whiskeytown) desde hace muchos años. Pero nunca, nunca, me había acercado a su música. Es cierto que con la cantidad ingente de novedades (discográficas, literarias, cinematográficas, …) que nos llueven, es lógico que muchas nos pasen desapercibidas. Pero en este caso hay algo más. ¿Saben por qué nunca había escuchado ningún tema de Ryan Adams? Pues -asómbrense si gustan- creo que es por el parecido de su nombre con el ínclito Bryan Adams. Seguro. Apuesto lo que sea a que esta semejanza apartó inconscientemente mi atención sobre el trovador de Jacksonville.

¿Y? Me he puesto a pensar sobre lo complicada que es la psique humana cuando toma decisiones. No es solo que lo racional y lo emocional compartan protagonismo con distinta proporción según los casos. Además, entran en juego muchos mecanismos inconscientes que generan conexiones o desconexiones sin que sepamos muy bien cómo hemos llegado a la decisión final. En esos enlaces involuntarios, el nombre de las cosas (y personas) es tan relevante como, a menudo, inabarcable.

En una entrevista reciente, Fernando Beltrán, poeta y nombrador, expresaba… «Las palabras son la forma en que caminas por el mundo. Gran parte de los errores que cometemos se deben a palabras mal escogidas en momentos importantes … El tacto lo tenemos en la palabra. Empezamos a tocar con la palabra, su poder es inmenso, y lo ejercemos cada vez que escogemos hablar o callar.»

Toda comunicación es un deseo de conectar y, en muchas ocasiones sin ser conscientes de ello, cada palabra que elegimos -incluido nuestro propio nombre- puede generar un torrente de conexiones (positivas o negativas) que decidirán la naturaleza de la relación.

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Una respuesta a Antes de hablar, ya te la juegas

  1. paolo2000 dijo:

    Curioso como funcionan los cerebros. A mí me pasaba exactamente lo contrario. Creía que su nombre era un choteo a costa de la estrella de rock canadiense y me subía mucho la broma… En fin…

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