Optimismo de postal

«Si tienes cáncer y no te curas es porque no tienes una actitud positiva; si te despiden de tu trabajo y no encuentras otro es por la misma razón; si eres pobre es tu culpa, porque odias la riqueza… Esta filosofía también está en el origen del desbarajuste económico y financiero que ha provocado la crisis por la que atravesamos. A principios de la década de 1980 hubo un cambio profundo en la cultura de las grandes empresas. La inspiración de los líderes, el flow, … eran el nuevo paradigma. Todo lo que hasta entonces se había hecho: analizar los riesgos y estudiar las distintas opciones ya no servía, la palabra clave era carisma: las cualidades carismáticas del líder. Sobre este principio se creó una cultura del negocio que lleva a los empleados a retiros sobre el espiritualismo de los nativos americanos…». Barbara Ehrenreich autora de Sonríe o muere. La trampa del pensamiento positivo

Todo lo bueno en exceso, termina siendo malo.” Esta manida aseveración repleta de sentido común parece que no incluye al optimismo. Aún hoy, en plena crisis, continúan respirando muchos pensadores que promueven un optimismo desaforado. Un optimismo cándido que genera muchas ilusiones imposibles y propósitos irrealizables. No me considero un pesimista ni mucho menos. Más bien tiendo al optimismo, pero matizado. Y en absoluto desbocado. El optimismo excesivo deriva en ingenuidad. Y el pesimismo exagerado conduce al dramatismo.

El libro de Ehrenreich, como todos, posee aspectos con los que comulgo y otros que me chirrían. Pero su idea central, me seduce sobremanera por la sencillez y valentía con la que está expresada. El exceso de optimismo genera pesimismo. Como esos individuos que son tan feos que tiran a guapos. Primero, porque genera expectativas difíciles de cumplir. Y segundo, e incluso más importante, porque al no conseguir la meta deseada, este mismo pensamiento positivo postula que se debe a no desearlo lo suficiente, a no gestionarlo bien, a no poner toda la carne en el asador. “Querer es poder… si se puede depende de mi…” y decenas de frases similares señalan que el culpable del fracaso es el propio individuo. Así que al “drama” del fiasco hay que sumarle el sentimiento de culpa.

Es cierto que en muchos casos el fracaso y la culpa llevan la misma ropa. Pero en otros NO.

Optimismo de postal, otra lamentable lacra fruto de los nefastos años 80. La “edad media” del pensamiento occidental.

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4 respuestas a Optimismo de postal

  1. paolo2000 dijo:

    Enorme lo de los 80 como las Dark Ages de nuestra historia más reciente.

    Y sí, el optimismo incondicional es una fabulosa fuente de frustración…

    Me quedo con la Doctrina Camp. Los resultados no dependen de uno. El hacer un buen trabajo. sí. Céntrate en lo primero y libérate de las garras del éxito (y del fracaso)

  2. paolo2000 dijo:

    Y de propina, lo contrario del Optimista Recalcitrante:

    EL AGORER…

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