La visión: El cuello es la clave

Nuevas visiones, nuevos caminos

El pasado jueves visité a una ong en la que recientemente había impartido un curso para entregar un diploma extraviado.

Después de dirigirme al departamento de recursos humanos, aproveché para saludar a mis alumnos. Casualmente llegué unos minutos antes de la hora del descanso, así que aproveché su pausa para charlar un rato con algunas alumnas sobre el impacto del curso.

Y lo que me contaron me dejaron muy pensativo. Ya sé que pueden parecer obvias, pero quizás mi candor siga haciendo que me conmuevan determinadas cosas.

Comentaban el cambio de actitud que se había establecido dentro del grupo. Nunca antes habían sido conscientes de que ellos mismos estaban decidiendo el clima de trabajo. Algunos habían tratado de conectar con sus compañeros y, al no conseguirlo, optaron por establecer barreras entre ellos. “Es como cuando un niño trata de llamar la atención con cosas buenas y, al no conseguirlo, opta por intentarlo portándose mal” señalaba una de ellas. “Bastante difícil es nuestro trabajo (asistir telefónicamente a personas con urgencias médicas) como para complicárnoslo más aquí. Es triste y paradójico que nosotros mismos hubiésemos elegido un clima laboral tan claustrofóbico.”

También descubrieron que, entre ellos, existen diferencias y semejanzas. Y que, sin saberlo, optaban por centrarse en las discrepancias para obstaculizar las relaciones. Cuando, en realidad, lo que les une, aquello que ahora empezaba a ser fuente de conexión y concordia, es que TODOS poseen una sensibilidad brutal hacía la ayuda. Ninguno trabaja allí por aspectos económicos ni mucho menos. Todos tienen una vocación asistencial que guía su trabajo.

En muchas ocasiones lo que nos une también nos separa. Para ver bien, en determinadas situaciones es más importante el cuello que los ojos.

A veces, un curso se convierte en un ejercicio de consciencia donde todos podamos visualizar con el debido tiempo aspectos ocultos del comportamiento propio y ajeno. A menudo, estos pequeños cambios de visualización impactan de una manera brutal en la consciencia colectiva. La asunción de responsabilidades en el clima laboral puede conducir a que -como ha ocurrido en este caso- los propios trabajadores diseñen y acaten un régimen interno de autogestión que mejore el clima laboral.

Cuando el departamento de recursos humanos de la organización me felicitaba por el éxito de la acción formativa, yo, sin atisbo de falsa humildad, mencionaba que en este tipo de ajuste el mayor mérito debe centrarse en los asistentes. El docente tan solo sensibiliza y son los propios alumnos los que se responsabilizan y buscan soluciones. Al fin y al cabo, ¿cómo un desconocido que no sabe casi nada de su contexto va a diseñarles medidas de ajuste?

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