Coaching y Jim Dodge. Un paso más

Dodge, coach primigenio

Acabo de terminar Stone Junction de Jim Dodge. Normalmente mi tiempo de lectura se centra en ensayos relacionados con comunicación, ventas, competencias directivas,… Así que, tristemente, las novelas pendientes de lectura se amontonan en mi librería. De vez en cuando me doy el capricho y regateo esta política. Y, consciente o no, supongo que cuando me salto esa norma mantengo mi sensor alerta por si algo pudiera servirme para mi trabajo. No quiero hacer una crítica literaria de esta gran obra. Me gustaría aprovechar este libro para dar una visión personal del coaching.

Hace unos meses impartía una clase en el Master de Dirección de Recursos Humanos en Fundesem Business School. Era mi segunda sesión y hablábamos sobre motivación. Una alumna quiso saber mi opinión sobre un feo asunto acontecido en un seminario al que habían asistido algunos alumnos hacia pocos días. Me dijo que durante el seminario de coaching, ella y otros alumnos le preguntaron a la docente acerca de la aparente similitud entre las herramientas del coaching y las que ellos ya habían aprendido en la carrera de psicología. «La profesora se ofendió por la pregunta. Se puso a la defensiva y fue muy tajante al asegurar que son dos disciplinas distintas y que las herramientas también lo son. Fue un poco incómodo. Y además no acabó de convencernos sobre las supuestas distinciones. Tú también eres coach. ¿Qué opinas?»

La lectura de Stone Junction, obra escrita en los lejanos (y sobrevalorados) años 80, me ha afectado de muchas maneras. De verdad, muchas. Y una de ellas, seguramente no la más relevante para Dodge pero sí la que más me ha conmovido, es la metodología utilizada por los distintos “profesores” que aparecen en la obra. Maestros que ceden todo el protagonismo a su alumno, que dejan que él aprenda sobre sus tentativas, que no muestran las soluciones sino que permiten que el joven aprendiz las encuentre él solo. Póker, alquimia, fusión nuclear, química, filosofía, invisibilidad, plantas alucinógenas,… son la excusa perfecta para mostrarnos un tipo de aprendizaje donde el alumno descubre aspectos sobre la vida y sobre sí mismo que le ayudan a mejorar su competencia personal y profesional.

Todos tenemos un pasado. Y seguro que a lo largo de la historia muchas personas han ayudado a otros con metodologías muy similares a lo que hoy llamamos coaching. Nada surge de la nada. Pero cada cierto tiempo “nuevos” movimientos convulsionan los cimientos del conocimiento. Una mirada atenta nos muestra de dónde viene cada cosa, y que casi todo está interconectado. Personalmente, me es sencillo adivinar las conexiones entre el coaching, la pnl, la inteligencia emocional, e incluso el lenguaje transaccional. Hasta la venta consultiva bebe del mismo sitio. Que las herramientas lingüísticas sean bastante similares entre diferentes corrientes, tendencias, disciplinas (o como gusten llamarlas) no minimiza las bondades de cada “escuela”. Tampoco es necesario pontificar lo revolucionario del tema. Yo lo veo como un paso más, un paso más,…

Para apuntalar más la conexión establecida, el crítico musical y escritor Kiko Amat apunta… «Nunca he seguido a santones o hechiceros, pero si tuviese que adoptar a mi Meher Baba, mi maestro yogi, escogería a Jim Dodge. He aquí el artista como hombre bueno, el autor de novelas como sabio humanista, como inacabable fuente de inspiración y dirección: figura paterna, camarada y consejero, corazón de león y alma en las pupilas, Dodge desafía la frase “Nunca conozcas a tu ídolo” (en realidad, la máxima debería continuar: “…si es Pete Doherty”). Pues si tu ídolo es un ex-poeta beat lleno de pasión, amor y humanidad (y también furia; que no somos hippies), una especie de Merlín rocanrolero con recursos inagotables de empatía, dulzura, astucia e imaginación; y encima ludita; y bioregionalista; y novelista insuperable; y encima fan del Big Bopper y Little Richard; y para colmo hombre erguido que tala árboles y vive sin conexión (no sabe ni que es “conexión”) y fríe animales cazados y considera la amistad como uno de los más sagrados bienes de un hombre… ¿Quién no querría adoptar a un maestro así?»

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