A veces las palabras sobran

Pezqueñines NO gracias

La frase “Una imagen vale más que mil palabras” encierra una extraña paradoja. Lo curioso del asunto es que quien acuñó esta idea no fuera capaz de expresarla con una imagen y tuviera que recurrir a las palabras. Supongo que simplemente las imágenes a veces muestran una idea de manera más eficaz y, en otras ocasiones, son las palabras las que tienen mayor impacto y resonancia a la hora de trasladar un concepto.

Este verano mi amigo Alfredo Muñoz me recomendó el libro “Presentaciones Zen” de Garr Reynolds. Esta gran obra disruptiva, aparte de iluminarme con sabias ideas y recomendaciones, contiene un pequeño relato que me gustaría compartir. Podría contaros todos los pensamientos e ideas que se agolparon en mi cabeza tras leer el cuento, pero seguramente será mejor que cada uno saque sus propias conclusiones.

Cuando Vijay abrió su tienda, colocó un cartel que decía: “Aquí vendemos pescado fresco”. Su padre se paró delante de la tienda y le dijo que la palabra “vendemos” sugería un énfasis en el vendedor, en lugar de en el cliente, y no era necesario utilizar la primera persona del plural. De modo que cambiaron el cartel por “Aquí se vende pescado fresco”.

Su hermano vino de visita y le sugirió que la palabra “aquí” podría eliminarse, ya que era superflua. Vijai estuvo de acuerdo y cambió el cartel por otro que decía “Se vende pescado fresco”.

A continuación, su hermana intervino y le dijo que el cartel debería simplemente decir “Pescado fresco”. Claramente lo que se hacía en la tienda era vender el pescado; ¿qué otra cosa se podía hacer en él?

Más tarde, uno de los vecinos se acercó a felicitar a Vijai por la apertura de la tienda. Y le mencionó que todos aquellos que pasaran por ella podían ver que el pescado era realmente fresco. Mencionar la palabra “fresco” hacía que el cartel pareciera en realidad defensivo, como si hubiera resquicio para la duda acerca de la frescura del pescado. Con eso el cartel quedó reducido a una única palabra: “PESCADO”.

Mientras Vijai volvía a su tienda después de un descanso, se dio cuenta de que se podía identificar perfectamente el pescado por su olor a una gran distancia; de hecho, a una distancia desde la cual malamente se podía distinguir lo que había escrito en el cartel. Entonces se dio cuenta de que no era necesario incluir ni siquiera la palabra “PESCADO”.  

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3 respuestas a A veces las palabras sobran

  1. paolo2000 dijo:

    Que bueno que el dicho de forma algo contradictoria se vea efectivamente obligado a recurrir a las palabras para establecer la hegemonía de la imagen. Como siempre no se le pasa a usted ninguna !!!

  2. Alfredo Muñoz dijo:

    Querido (y admirado amigo) :-):
    Iba a darte la enhorabuena por tu blog antes de leer el post y ahora que lo he leído tengo, además, que darte las gracias por mencionarme lo que es, para mi, una satisfacción. Te seguiré con interés a partir de ahora…aunque no me menciones 🙂
    Te deseo, también con el blog, lo mayores exitos. Te los mereces. Un fuerta abrazo
    Alfredo

  3. Pingback: La curiosa historia del Lenguaje

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